LOS HIELOS: 1) EL HIELO DE LA ANTARTIDA

Más del 85 % del área terrestre ocupada por hielos permanentes se encuentra en la Antártida. Un 10 % corresponde al hielo de Groenlandia y el resto, menos de un 5 %, al conjunto de todos los otros glaciares y pequeños casquetes helados.

El hielo continental

El espesor medio del hielo en la Antártida es de 2,4 kilómetros y en algunos lugares llega casi a los 5 kilómetros. Su volumen es tan grande que su descongelación completa elevaría el nivel del mar unos 60 metros. La mayor parte de la masa de hielo, casi el 90 %, se encuentra en la Antártida Oriental.

Análisis satelitarios de la evolución del espesor del manto en el período 1992-2003 indican un incremento en la mayor parte de la Antártida Oriental y un adelgazamiento en la mayor parte de la Antártida Occidental. En el balance global se ha producido un leve aumento de 1,4 cm/año (Davis, 2005).

Fig. Mapa de la Antártida en la actualidad. Topografía aproximada en metros.

Una zona delicada es la Península de la Antártida, ya casi fuera del círculo polar. La mayor parte de los glaciares de esta península muestran en los últimos años una tendencia al retroceso, aunque no está claro que la causa única sea ese calentamiento (Cook, 2005). Recientemente se ha producido allí, a unos 65ºS, una fusión parcial de la plataforma marina de Larsen B, que ha venido unida a un calentamiento del aire en el transcurso de las últimas décadas. El calentamiento neto ha sido del orden de 2,5 ºC en los últimos cincuenta años y está relacionado con una variación del régimen de vientos (Orr, 2004). La repercusión del deshielo en el nivel del mar es casi nula, ya que es hielo marino flotante y que no sujeta apenas ninguna masa de hielo continental (Vaughan, 1995). Además, el análisis de la historia de la plataforma de Larsen B indica avances y retrocesos importantes durante el transcurso del Holoceno (Domack, 2001). Durante varios períodos del Holoceno algunas de las otras plataformas de hielo que rodean la Península han estado ausentes (Hodgson, 2006). Se cree cada vez con más certeza que estas variaciones del hielo en esa región van ligadas a cambios en la circulación atmosférica y oceánica (Harangozo, 2006).

El hielo marino

Por otra parte, la banquisa de hielo marino que se forma anualmente alrededor de la Antártida experimenta una gran variación estacional en su extensión: mide entre 15 y 16 millones de km2 al final del invierno austral (Septiembre) y solamente entre 2 y 3 millones de km2 al final del verano (Febrero).

Fig. La banquisa de hielo de la Antártida en Septiembre (izquierda) y en Febrero (derecha)

Como se aprecia en la gráfica siguiente de la evolución de la extensión desde 1978 hasta el 2010, aparte de la aguda variación estacional que se produce anualmente, la banquisa antártica no ha mostrado una tendencia significativa ni al aumento ni a la disminución.

Fig. Evolución del área del hielo de la banquisa de la Antártida entre Enero de 1979 y Agosto de 2010 (fuente: Universidad de Illinois, (datos NSIDC:NASA SMMR y SSMI

http://arctic.atmos.uiuc.edu/cryosphere/ )

El futuro de la Antártida

Aunque, según vaticinan los modelos numéricos, se produjese en la Antártida un calentamiento en las próximas décadas, el deshielo directo provocado por esta causa sería mínimo. Ocurre que en la mayor parte del continente, excepto en algunas regiones costeras —y especialmente en la Península de la Antártida—, las temperaturas están casi siempre muy por debajo del punto de congelación, por lo que un incremento de 2ºC o 3ºC no provocaría apenas ninguna fusión del hielo. Por el contrario, este incremento térmico podría hacer aumentar la capacidad higrométrica del aire y también las precipitaciones de nieve, provocando una mayor acumulación de hielo en el continente, lo que haría bajar en unos cuantos centímetros el nivel del mar (IPCC, 2001). Sea lo que sea, el análisis en la acumulación de nieve durante la segunda mitad del siglo XX no muestra ningún cambio significativo (Monaghan, 2006).

Otro problema diferente, y más complicado de vaticinar, es el posible colapso del manto de hielo que recubre la Antártida Occidental. Gran parte del manto de hielo en esta zona occidental se apoya en las plataformas de hielo costero de Ronne (en el mar de Wedell) y de Ross.

Fig. Plataforma marina y proceso de deshielo

Estas plataformas de hielo flotante, de varios cientos de metros de espesor, actúan de contrafuertes del hielo continental. Uno de los temores para el futuro, si el calentamiento global se confirma y se hace más intenso, es que podrían deshelarse y provocar grandes deslizamientos de hielo desde el continente al mar (Oppenheimer, 1998). Ocurre que estas plataformas de hielo no se apoyan en el fondo marino, sino que, por el contrario, tienen agua por debajo que socava su base. Si el mar se calentase, podrían sufrir una fusión suficiente como para que se desgajasen en icebergs que las corrientes alejarían mar adentro. Tras menguar o desaparecer estas plataformas marinas, es posible que a continuación se acelerase la caída del hielo continental que sujetan. Algunos estudios indican una aceleración de la caída de los frentes de algunos glaciares en los últimos años en el mar de Amundsen (Thomas, 2004). Sin embargo, otras mediciones recientes del hielo en la zona de Ross indican que en los últimos tiempos lo que se produce allí es lo contrario, más acumulación de hielo, y desaceleración de las corrientes de hielo que descienden hacia la plataforma marina (Joughin, 2002 y 2005; Raymond, 2002).

Grafico del hielo antartico atualizado:


SAND-RIO

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